Es difícil ser objetivo cuando se habla de un referente querido y respetado, pero de más está decir que no lo voy a catalogar de “genio” como se hace con nuestros “muertos Fernández más recientes”, como diría Zitarrosa. Sí, en cambio, quiero decir que este Tano, gran dibujante primero y mejor editor después, fue capaz de concebir un fenómeno de lectura masiva como lo fue -si me permiten, con mayúsculas-
Algunos jefes de redacción de este diario, en sus años mozos, fueron lectores de Humor y Fierro, los productos más emblemáticos de la mencionada editorial De
Cascioli soportó, estoicamente, numerosos juicios de funcionarios y periodistas menemistas en los ‘90, que, vaya paradoja, hoy están presos o con causas judiciales pendientes. La gente empezó a leer Caras en lugar de cerebros, y él lo aceptó a disgusto. Es vital mencionar que su rol más importante, además de caricaturista, fue el de editor, publicando todo contenido políticamente incorrecto –y por eso, tal vez, más interesante-, que era impensado llegar a encontrar en revistas como Gente y Somos.
Cuando lo entrevisté hace unos años en Capital, me quedó una frase suya, sencilla pero certera: “el humor tiene que señalar lo que está mal hecho y reírse de lo que está muy mal hecho”. Algo que no hacen los programas que hoy caricaturizan a los políticos. Me gustaría que las generaciones de los ‘90 para acá, y también las que vengan, puedan conocer un tipo así: íntegro, sin marcas, sin la necesidad de tasación de compra-venta que hay en ciertos medios de comunicación.
Me queda una colección de sus revistas, un libro firmado por él y la sensación, inevitable, de que la gente creíble, querible e intelectualmente honesta se va antes de tiempo.
LUCAS CEJAS por el CIRCULO DE DIBUJANTES
